Bienvenidos - Imágenes para redes sociales

miércoles, 6 de abril de 2011

LA HILANDERA

Érase una vez un molinero muy pobre que no tenía en el mundo más que a su hija. Ella era una muchacha muy hermosa. Cierto día, el rey mandó llamar al molinero, pues hacía mucho tiempo no le pagaba impuestos. El pobre hombre no tenía dinero, así es que se le ocurrió decirle al rey: -Tengo una hija que puede hacer hilos de oro con la paja. -¡Tráela! -ordenó el rey. Esa noche, el rey llevó a la hija del molinero a una habitación llena de paja y le dijo: -Cuando amanezca, debes haber terminado de fabricar hilos de oro con toda esta paja. De lo contrario, castigaré a tu padre y también a tí. La pobre muchacha ni sabía hilar, ni tenía la menor idea de cómo hacer hilos de oro con la paja. Sin embargo, se sentó frente a la rueca a intentarlo. Como su esfuerzo fue en vano, desconsolada, se echó a llorar. De repente, la puerta se abrió y entró un hombrecillo extraño. -Buenas noches, dulce niña. ¿Por qué lloras? -Tengo que fabricar hilos de oro con esta paja -dijo sollozando-, y no sé cómo hacerlo. -¿Qué me das a cambio si la hilo yo? -preguntó el hombrecillo. -Podría darte mi collar -dijo la muchacha. -Bueno, creo que eso bastará -dijo el hombrecillo, y se sentó frente a la rueca. Al otro día, toda la paja se había transformado en hilos de oro. Cuando el rey vio la habitación llena de oro, se dejó llevar por la codicia y quiso tener todavía más. Entonces condujo a la muchacha a una habitación aún más grande, llena de paja, y le ordenó convertirla en hilos de oro. La muchacha estaba desconsolada. "¿Qué voy a hacer ahora?" se dijo.


.

Esa noche, el hombrecillo volvió a encontrar a la joven hecha un mar de lágrimas. Esta vez, aceptó su anillo de oro a cambio de hilar toda la paja.Al ver tal cantidad de oro, la avaricia del rey se desbordó. Encerró a la muchacha en una torre llena de paja. -Si mañana por la mañana ya has convertido toda esta paja en hilos de oro, me casaré contigo y serás la reina. El hombrecillo regresó por la noche, pero la pobre muchacha ya no tenía nada más para darle. -Cuando te cases -propuso el hombrecillo- tendrás que darme tu primer hijo. Como la muchacha no encontró una solución mejor, tuvo que aceptar el trato. Al día siguiente, el rey vio con gran satisfacción que la torre estaba llena de hilos de oro. Tal como lo había prometido, se casó con la hija del molinero. Un año después de la boda, la nueva reina tuvo una hija. La reina había olvidado por completo el trato que había hecho con el hombrecillo, hasta que un día apareció. -Debes darme lo que me prometiste -dijo el hombrecillo. La reina le ofreció toda clase de tesoros para poder quedarse con su hija, pero el hombrecillo no los aceptó. -Un ser vivo es más precioso que todas las riquezas del mundo -dijo. Desesperada al escuchar estas palabras, la reina rompió a llorar. Entonces el hombrecillo dijo: -Te doy tres días para adivinar mi nombre. Si no lo logras, me quedo con la niña. La reina pasó la noche en vela haciendo una lista de todos los nombres que había escuchado en su vida. Al día siguiente, la reina le leyó la lista al hombrecillo, pero la respuesta de éste a cada uno de ellos fue siempre igual: -No, así no me llamo yo. La reina resolvió entonces mandar a sus emisarios por toda la ciudad a buscar todo tipo de nombres. Los emisarios regresaron con unos nombres muy extraños como Piedrablanda y Aguadura, pero ninguno sirvió. El hombrecillo repetía siempre: -No, así no me llamo yo. Al tercer día, la desesperada reina envió a sus emisarios a los rincones más alejados del reino. Ya entrada la noche, el último emisario en llegar relató una historia muy particular. -Iba caminando por el bosque cuando de repente vi a un hombrecillo extraño bailando en torno a una hoguera. Al tiempo que bailaba iba cantando: "¡La reina perderá, pues mi nombre nunca sabrá. Soy el gran Rumpelstiltskin!" Esa misma noche, la reina le preguntó al hombrecillo: -¿Te llamas Alfalfa? -No, así no me llamo yo. -¿Te llamas Zebulón? -No, así no me llamo yo. -¿Será posible, entonces, que te llames Rumpelstilstkin? -preguntó por fin la reina. Al escuchar esto, el hombrecillo sintió tanta rabia que la cara se le puso azul y después marrón. Luego pateó tan fuerte el suelo que le abrió un gran hueco. Rumpelstiltskin desapareció por el hueco que abrió en el suelo y nadie lo volvió a ver jamás. La reina, por su parte, vivió feliz para siempre con el rey y su preciosa hijita.

FIN

LOS CISNES SALVAJES

Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe. Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio. "Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre", pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes. La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo. -¡Fuera de aquí! -gritó-. No los quiero volver a ver nunca más. Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza. La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo. -Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos. Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida. -Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre. Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó: -Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea. Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina. Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello. Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme. -¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey. -¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha. -Es una pordiosera que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja. -¡Llévensela! -ordenó el rey. Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello. En ese momento, una vieja mujer se le acercó. -¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada. -No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo. Elisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza. Al principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca. Uno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que los cisnes eran sus hermanos. -¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! -gritó, mientras corría a abrazarlos. Todos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo. ¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo. -De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos -explicó Antonio, el mayor de los hermanos. -Encontraré la manera de romper el hechizo -les aseguró Elisa. Los hermanos encontraron un pedazo de lienzo lo suficientemente grande para llevar a Elisa en él. Al amanecer del día siguiente, la alzaron en vuelo con suavidad. Sebastián, el menor de todos, le daba bayas para comer. Cuando el sol empezó a ocultarse otra vez, llegaron a una cueva secreta, en un bosque apartado. Esa noche, Elisa soñó con un hada que volaba en una hoja. -Podrás romper el hechizo si estás dispuesta a sufrir -susurró el hada-. Debes recoger ortigas y tejer once camisas con el lino que saques. Cuando las hayas terminado, deberás lanzárselas a tus hermanos para romper el hechizo. ¡Pero escucha bien! No puedes ni hablar ni reírte hasta no haber terminado. -Eso no importa -respondió Elisa en sus sueños-. ¡Haré lo que sea necesario para salvar a mis hermanos! Cuando Elisa se despertó esa mañana, sus hermanos ya se habían ido. En el suelo, junto a ella, había una pila de hojas de ortiga. Elisa se puso a trabajar de inmediato. Al regresar los príncipes a la cueva, encontraron a su hermana tejiendo una prenda bastante curiosa. Elisa tenía las manos llenas de heridas. -¿Qué haces? -preguntó Sebastián. Pero su hermana no podía decir nada. Sebastián no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas cuando se inclinó a mirar las manos de Elisa. Las lágrimas cayeron en sus dedos y las heridas desaparecieron inmediatamente. Ella le sonrió agradecida, pero no se atrevió a decir ni una sola palabra. Los hermanos observaron durante un rato. El asunto era muy misterioso, pero ellos sospecharon que algo mágico debía estar ocurriendo. A lo mejor, Elisa estaba tratando de salvarlos. Al otro día, cuando ya sus hermanos se habían ido, Elisa salió de la cueva. "Haré mi trabajo a la sombra de aquel roble", pensó. "Allá no me verán." Sin embargo, un grupo de cazadores la descubrió. -¿Tú quien eres? -preguntó uno de ellos con voz áspera. Al no obtener respuesta, la levantó a la fuerza. -Quietos -dijo una voz. Era un joven rey. -¿Cómo te llamas? -preguntó amablemente el rey. Elisa se limitó a sacudir la cabeza y a sonreír. -Ella vendrá conmigo -dijo el rey y ordenó a los cazadores retirarse. De regreso en el castillo, el joven rey intentó hablarle a Elisa en diferentes idiomas, pero ella no hacía más que tejer. Aunque la muchacha no decía nada, su mirada dulce y su linda cara cautivaron el corazón del rey. Elisa vivía ahora rodeada de lujos, pero pasaba la mayor parte del tiempo tejiendo en silencio. El rey se sentaba junto a ella y era feliz en su compañía. Un día, decidió hablar con el arzobispo. -Amo a esta dulce doncella -anunció-, y deseo casarme con ella. -Su majestad no sabe nada sobre esta muchacha -replicó el arzobispo-. Bien podría ser una bruja. Ese tejido es bastante extraño. Sin embargo, el rey estaba decidido. Elisa escuchó en silencio la propuesta del rey y le apretó suavemente la mano. La boda tuvo lugar poco después. Elisa siguió tejiendo hasta que un día se le acabaron las ortigas. Una noche, se fue al cementerio a recoger más hojas. Aunque allí había tres brujas reunidas, Elisa no hizo caso y pensó sólo en las camisas de sus hermanos. El arzobispo, que la había seguido, se fue a alertar al rey: -Le dije a su Majestad que su esposa tenía trato con las brujas -afirmó el arzobispo. El rey queriendo comprobar tal acusación se fue al cementerio. Aterrado, vio a Elisa cerca de las brujas, en torno a una tumba. -No lo puedo creer -dijo el rey, desconsolado-. Castígala, si eso es lo que debes hacer. Elisa fue acusada de brujería. -Esposa mía, te ruego que hables en tu defensa -suplicó el rey. Pero Elisa no podía más que mirarlo con ojos tristes. Al otro día, la llevaron a la plaza para quemarla en la hoguera. Elisa seguía tejiendo y llevaba con ella las diez camisas para sus hermanos. La muchedumbre enfurecida gritaba: -¡Quemen a la bruja! De repente, en el cielo aparecieron once cisnes salvajes que descendieron hacia Elisa. Al verlos, ella les lanzó de inmediato las camisas. La gente se quedó atónita al ver que los cisnes se convertían en príncipes. Sebastián, quien recibió la undécima camisa con una manga sin terminar, tenía todavía un ala. -¡Sálvenme! -gritó por fin Elisa-. ¡Soy inocente! Rodeada de sus hermanos, Elisa se presentó ante el rey. Las lágrimas le rodaban por las mejillas a medida que iba relatando la historia de la madrastra, del encuentro con sus hermanos y el motivo de su silencio. El rey también lloró de felicidad y abrazó a su esposa con ternura. -Sólo alguien con un corazón tan bueno como el tuyo haría ese sacrificio -dijo el rey. La multitud gritaba alborozada: -¡Dios bendiga a la reina! Fue entonces cuando Elisa notó el ala de Sebastián. -¡Tu brazo, mi pobre hermano! -dijo Elisa llorando. -No llores -la consoló Sebastián-. Llevaré con orgullo esta ala de cisne como prueba de tu amor generoso e incondicional. FIN

martes, 5 de abril de 2011

Pedro y el lobo

Erase una vez un pequeño pastor que se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus ovejas y, como muchas veces se aburría mientras las veía pastar, pensaba cosas que hacer para divertirse. Un día, decidió que sería buena idea divertirse a costa de la gente del pueblo que había por allí cerca. Se acercó y empezó a gritar: - Socorro! El lobo! Que viene el lobo! La gente del pueblo cogió lo que tenía a mano y corriendo fueron a auxiliar al pobre pastorcito que pedía auxilio, pero cuando llegaron, descubrieron que todo había sido una broma pesada del pastor. Y se enfadaron. Cuando se habían ido, al pastor le hizo tanta gracia la broma que pensó en repetirla. Y cuando vió a la gente suficientemente lejos, volvió a gritar: - Socorro! El lobo! Que viene el lobo! Las gentes del pueblo, en volverlo a oír, empezó a correr otra vez pensando que esta vez si que se había presentado el lobo, y realmente les estaba pidiendo ayuda. Pero al llegar donde estaba el pastor, se lo encontraron por los suelos, riendo de ver como los aldeanos habían vuelto a auxiliarlo. Esta vez los aldeanos se enfadaron aún más, y se marcharon terriblemente enojados. A la mañana siguiente, el pastor volvió a pastar con sus ovejas en el mismo campo. Aún reía cuando recordaba correr a los aldeanos. Pero no contó que, ese mismo día, si vió acercarse el lobo. El miedo le invadió el cuerpo y, al ver que se acercaba cada vez más, empezó a gritar:

- Socorro! El lobo! Que viene el lobo! Se va a comer todas mis ovejas! Auxilio! Pero esta vez los aldeanos, habiendo aprendido la lección el día anterior, hicieron oídos sordos. El pastorcillo vió como el lobo se abalanzaba sobre sus ovejas, y chilló cada vez más desesperado: - Socorro! El lobo! El lobo! - pero los aldeanos continuaron sin hacer caso. Es así, como el pastorcillo vió como el lobo se comía unas cuantas ovejas y se llevaba otras para la cena, sin poder hacer nada. Y se arrepintió en lo más profundo de la broma que hizo el día anterior.

sábado, 2 de abril de 2011

LOS NIÑOS PREGUNTAN: “¿Por qué?

El premio Nobel Rabindranath Tagore decía: “Hacer preguntas es prueba de que se piensa”.
¿Por qué preguntan tanto? Hay muchas respuestas a esta pregunta. Los niños de 3 años en adelante (hasta los 9 años) comienzan a conformar una visión del mundo a partir de la información que obtienen de las respuestas. A veces, simplemente se trata de un juego lingüístico o de palabras. Otros pequeños simplemente quieren llamar la atención o eliminar algo que les causa miedo. Isa Marrs, especialista certificada en las patologías del lenguaje de New York, asegura que muchos padres encontrarán algo de frustración en las preguntas, ya que los niños de 3 años tienden a repetirlas una y otra vez. Ella remarca que esto sucede porque los pequeños conocen la respuesta y la quieren escuchar nuevamente. Una práctica que les da seguridad. Para los psicólogos, estos continuos “¿por qué?” muestran un desarrollo adecuado. Manifiestan su curiosidad por el mundo que les rodea y que poco a poco están descubriendo. Todo les desconcierta, incluso desde antes de hablar muestran esta curiosidad llevándose los objetos a la boca, tocando todo lo que les rodea, etc. Otro de los motivos que les lleva a preguntar constantemente es el hecho de apropiarse de una nueva herramienta: el lenguaje. Para ellos es algo nuevo y quieren practicar con él: imitan la entonación, el ritmo de las frases, las nuevas palabras, etc. Por eso muchas veces lanzan un arsenal de preguntas de las que ni siquiera esperan contestación. Pero la razón más importante es ordenar su mundo. En su mente, todo tiene un origen y una finalidad, las cosas inanimadas funcionan como las personas y para ellos no existe la casualidad, todo tiene que tener un motivo. Se dirigen a sus padres porque necesitan un intermediario que les explique la nueva realidad que van conociendo. Y de la calidad y disponibilidad de esos guías dependerá en gran medida el modo en que el niño se relacione con el mundo durante toda su vida.

martes, 29 de marzo de 2011

Adivina adivinador....






“Cien amigas tengo, todas sobre una tabla. Si no las tocas, no te dicen nada. ¿Quienes son mis amigas?”.

R: Las teclas de un piano



Si me nombras desaparezco”, ¿Quien soy?

R: El silencio


¿Que se repite una vez cada minuto, dos veces cada momento y nunca en cien años?

R: La letra m




¿Qué es lo que es algo y a la vez nada?.

R: El pez

PARA MI NIETO ERIC CON CARIÑO

Un acto de magia

Bambi y Tambor

Bambi y Tambor

¡Hola amigo y amiga! :


HAZ CLICK CON EL MOUSE Y AQUÌ ENCONTRARÀS DIFERENTES DIBUJOS PARA IMPRIMIR Y COLOREAR.Dibujos para colorear

Números y colores con letra...

tabla del 2 en inglés

Tabla del 3 en inglés

TABLA DEL 4 EN INGLÉS

TABLA DEL 6 EN INGLÉS

Tabla del 8 en inglés

Encierra al gato

Ve cliqueando los círculos más claros, que se pondrán más oscuros. • El objetivo es cercar al gato y no dejarlo salir. Para empezar, hacer click en cualquier lugar del dibujo de abajo ¡ Buena suerte y mucha atención!

"EL TESORO DEL SABER"

"EL TESORO DEL SABER"
GRACIAS POR SER PARTE IMPORTANTE DE ESTE BLOG.