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PERSONITA ESTE BLOG ES SOLO PARA TI, AQUI PODRÁS LEER TODOS LOS DÍAS UN CUENTO DIFERENTE Y HACER VARIAS ACTIVIDADES PROPIAS DE TU EDAD. Profra. Rocío Romero Kuhliger.
miércoles, 11 de junio de 2014
La mejor animalada
- Asegúrate de que se vayan a dormir antes de que anochezca, y de que estén despiertos al amanecer ¡no podemos dejar la tierra vacía! -fue el único consejo.
El angelito Perico, lleno de alegría, bajó a la tierra y se puso a jugar con los animales durante todo el día. Tan contento estaba, que ya casi era de noche cuando recordó que tenía que acostar a los animales.
- Venga chicos, ¡deprisa! Todos a dormir.
- ¿Y dónde dejamos nuestras piezas? -preguntaron. Y es que llevaban tan poquito tiempo con ellas, que aún no se habían acostumbrado a dormir con orejas, picos, rabos, garras, hocicos o patas, y se los quitaban para ir a la cama.
- Pufff… no sé… bueno, dejadlo todo ahí junto en un montón. Venga, deprisa, que se hace de noche - respondió impaciente el angelito Perico.
Justo antes de que se apagara el último rayo de sol, todos los animales estaban acostados.
- Uy, qué poquito ha faltado. De buena me he librado- pensó el angelito, y se fue a dormir, completamente agotado.
Estaba a punto de amanecer cuando se levantó. Y deprisa y corriendo despertó a los animales.
- Vamos, ¡arriba! Tenéis que poneros vuestras piezas y estar despiertos antes de que sea de día.
Los animales, adormilados, se fueron acercando a la gran montaña de orejas, dientes y patas para vestirse. Pero todo estaba tan liado, y tenían tanta prisa, que no había forma de que cada uno encontrara lo suyo, y cada animal tomó lo que pudo y se lo puso rápidamente. Otra vez acabaron justo a tiempo, y el angelito Perico, aliviado, se fue a desayunar.
Aún no había terminado cuando apareció llorando un conejito. Se quejaba de que le habían dado tres mordiscos en poquísimo tiempo.
- ¿Y por qué no sales corriendo antes de que te ataquen? - le dijo el angelito- ¿No tenéis los conejos unas grandes orejas para oír a vuestros enemigos antes de que se acerquen?
- ¿Y esto te parece grande? - dijo el conejito señalando sus minúsculas orejitas de rana.
- ¿Y por qué llevas unas orejas que no son las tuyas?
- ¡Porque esta mañana no había quien encontrara nada en un montón tan grande de piezas! - interrumpió un cocodrilo furioso - Yo he tenido que ponerme estos dientes de castor y ahora todos se ríen de mí porque no puedo cerrar la boca.
- No te quejes -dijo un terrible león - más risa dan mis patitas de pingüino.
- ¿Y esto te parece grande? - dijo el conejito señalando sus minúsculas orejitas de rana.
- ¿Y por qué llevas unas orejas que no son las tuyas?
- ¡Porque esta mañana no había quien encontrara nada en un montón tan grande de piezas! - interrumpió un cocodrilo furioso - Yo he tenido que ponerme estos dientes de castor y ahora todos se ríen de mí porque no puedo cerrar la boca.
- No te quejes -dijo un terrible león - más risa dan mis patitas de pingüino.
Y así siguieron llegando animales con miles de problemas: un mono con trompa, un erizo con plumas, un pájaro con caparazón de tortuga…
Entonces el angelito se dio cuenta de que no había sido buena idea hacer las cosas con tan poco tiempo, y dejarlo todo amontonado. Y reuniendo a los animales, les contó su solución:
- A partir de ahora, dejaremos de jugar media hora antes para que cada animal pueda irse a un sitio distinto y allí tenga tiempo de colocar bien sus piezas. Y en vez de dejar todas las piezas juntas, las separaremos en grupos pequeños: picos con picos, orejas con orejas, garras con garras, y así con todo.
Aquella tarde, media hora antes de anochecer, los animales se separaron y cada uno buscó el sitio que más le gustó. Los peces se fueron al mar, los pájaros a los árboles, los animales salvajes a la selva, los pingüinos al polo… y dejaron sus piezas en montoncitos tan pequeños y ordenados que al día siguiente no tardaron nada en encontrarlas y vestirse con ellas. Y cuando al amanecer regresó Dios, todo estaba perfecto.
- ¿Qué tal ha ido todo, Perico? ¿Algún problema?
El angelito Perico, que aunque era un poco desastre también era muy sincero, juntó todo su valor para contarle a Dios todo lo que había pasado y el lío que había montado. Pero resultó que a Dios le encantó la solución de su angelito, y que cada animal estuviera en un sitio diferente y especial. Y tanto le gustó el nuevo orden que tenía todo, que decidió regalar a Perico y los demás angelitos una pieza de su animal favorito.
Y así fue cómo el angelito Perico, al que le encantaban los pájaros, consiguió las más preciosas alas para todos los ángeles del mundo.
viernes, 6 de junio de 2014
lunes, 2 de junio de 2014
EL bosque de la moda
Todos los animales hablaban del nuevo aspecto del mapache, y algunos sintieron cierta envidia al ver que se convertía en el centro de todas las miradas, así que en poco tiempo empezaron a aparecer por el bosque ardillas con camiseta, conejos con botas, topos con gorra, y ¡hasta un pájaro en calzoncillos! El doctor oso, el médico del bosque, movía la cabeza diciendo a todos con los que se cruzaba: "Eso no puede ser bueno.Los animales no llevamos ropa porque no nos hace falta", pero nadie le hacía caso y todos le decían que era un anticuado y que no sabía ir a la moda.
Pero no pasó mucho tiempo hasta que empezaron a verse las primeras consecuencias del furor por la moda en el bosque: la ardilla se enganchó la camiseta varias veces con la corteza de los árboles, quedándose a mitad del salto y cayendo desde gran altura; el topo trató de meterse en su madriguera sin quitarse la gorra, y se quedó atrapado a la entrada durante todo un día, y uno de los pájaros se lió las alas con la ropa que llevaba y aterrizó sobre unos cardos, pinchándose hasta los huesos. Incluso el mapache, con sus radiantes calcetines, resbaló un día en una de las rocas del río y casi se ahoga.
Cuando los accidentados pasaban por la consulta del doctor oso, a todos les recetaba la misma medicina: "Anda, quítate ese ropa, que un día te vas a matar". Según iban haciendo caso al doctor, dejaron de tener accidentes, y así se dieron cuenta de que ellos no necesitaban nada de eso, y que había sido una gran tontería empezar a llevar ropa de moda sólo por la envidia y por lo que comentarían los demás.
El gigante egoísta
Los niños, cuando salían de la escuela en primavera, acostumbraban a jugar en el jardín del Gigante.
Un día, el Gigante, que era muy egoísta, tomó la decisión de prohibir a los niños jugar en su jardín. Pero cuando volvió de nuevo la primavera, toda la comarca se pobló de pájaros y flores, excepto el jardín del Gigante. La Nieve y la Escarcha se quedaron en el jardín para siempre.
Así siempre fue allí invierno. Pero un día el Gigante se arrepintió de haber sido tan egoísta.
Una mañana, estaba todavía el Gigante en la cama, cuando oyó cantar a un jilguero. Los niños habían entrado en el jardín por un agujero, y con ellos volvió la primavera.
Los árboles se habían cubierto de hojas, los pájaros volaban piando alegremente, las flores se asomaban entre la hierba verde.
Y el Gigante se sentía feliz en el jardín jugando con los niños.
Oscar Wilde
EL SOLDADITO DE PLOMO (Comprensión lectora)
Hace muchos años, cuando tus abuelos eran pequeños, los niños jugaban con soldaditos de plomo. Un día le regalaron una caja de ellos a un niño muy travieso que, al abrirla, encontró uno con una sola pierna.
No tardó ni un minuto en apartarle de sus juguetes preferidos. Fue al zaguán, lo tiró a un rincón y se fue a dormir.Soñó que el soldadito oía una risa burleta que provenía de una caja entreabierta y, por ser tan valiente, fue a ver qué era. La destapó y... un enorme monigote le hizo perder el equilibrio, por loque cayó a la calle, lejos de su amada, la bailarina.Tuvo suerte porque fue a parar a un barco de papel que navegaba hacia el mar, pasando por aguas peligrosas.Tuvo que enfrentarse con ratas y enormes peces, hasta que uno de ellos lo devoró.Pronto salió de la tripa del pez, ya que, por casualidad, la criada fue a comprar pescado y, al ir a limpiarlo, salió el soldado.Estaba a punto de echarlo al fuego cuando la bailarina enamorada empezó a pedir auxilio y a llorar tan fuerte que el niño se despertó.-¡Qué pesadilla! -exclamó-, restregándose los ojos. Corrió hacia el zaguán y encontró sus viejos juguetes como si nada.Pero al cerrar la puerta, algo ocurrió: el soldadito y la bailarina estaban juntos y eran felices.Cuento clásico.
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