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sábado, 3 de octubre de 2015

La princesa y el guisante

Adaptación del cuento de Hans Christian Andersen

Érase una vez un apuesto príncipe que tenía el sueño de casarse con una princesa. En su reino había muchas mujeres hermosas e inteligentes, pero él quería que su futura mujer tuviera sangre azul, es decir, que fuera una princesa de verdad, hija de reyes y heredera de su propio reino. Hasta el momento no había tenido suerte, pero no perdía la esperanza de encontrarla algún día.
El príncipe cumplía con todas sus obligaciones diarias y era un buen hijo. Una de las cosas que más le gustaba hacer después de cenar era quedarse un rato conversando con sus padres, los reyes, junto a la chimenea del gran salón del castillo. Al calorcito del fuego, los tres charlaban animadamente hasta altas horas de la madrugada.
Una noche de tormenta, mientras estaban en plena charla, alguien llamó a la puerta. A todos les extrañó, pues la noche no era la más adecuada para estar a la intemperie.
– ¿Quién será a estas horas? – dijo el príncipe, levantando las cejas y mirando a su madre con extrañeza – No esperamos visitas en una noche de truenos y relámpagos.
El rey se dirigió ágilmente hacia la entrada. A pesar de ser casi un anciano, su estado físico y su salud eran realmente envidiables.
Cuando abrió la puerta, su mandíbula se desencajó por la sorpresa. Ante sus ojos estaba una joven bajo la lluvia. Su elegante vestido estaba totalmente empapado y  de su pelo caían chorros de agua. La pobre tiritaba de frio y casi no podía hablar.
– Buenas noches, alteza. Me ha sorprendido una fuerte tormenta y me preguntaba si me darían cobijo en su castillo esta noche – dijo la bella joven.
– ¿Quién es usted, señorita? – preguntó el rey.
– Soy una princesa de uno de los reinos vecinos, señor – afirmó la muchacha.
– Pase, no se quede ahí. En nuestro hogar encontrará calor y alimento.
Enseguida la reina se acercó y le dio toallas para secarse y ropa limpia que ponerse. El príncipe se percató de lo hermosa que era en cuanto la vio, pero… ¿se trataría de una verdadera princesa?
La reina, viendo cómo el príncipe la miraba embelesado, le dijo:
– Hijo mío, veo que esta chica es de tu agrado. Ciertamente es muy hermosa y parece culta y educada. Comprobaremos si es una princesa de verdad.
– ¿Cómo lo haremos, madre? No se me ocurre de qué manera podemos asegurarnos – dijo el príncipe con perplejidad.
– Muy fácil, querido hijo. Esta noche, debajo de su cama, pondremos un pequeño guisante. Si nota su presencia es que dice la verdad, ya que sólo las verdaderas princesas tienen una sensibilidad tan grande.
Tal como habían previsto, la joven se quedó a dormir en el castillo. A la mañana siguiente, se reunió de nuevo con la familia real en el salón principal.
– Buenos días, altezas – dijo la bella joven saludando con una pequeña reverencia.
– Buenos días – contestaron todos a la vez.
La reina invitó a la chica a sentarse con ellos a desayunar.
– ¿Qué tal has dormido? ¿Te ha resultado cómoda la cama y todo ha sido de tu gusto? – le preguntó.
– Pues si le digo la verdad, señora, he dormido fatal – se quejó – Me he pasado la noche dando vueltas en la cama. Sentía algo duro que no me dejaba dormir y no pude descansar en toda la noche. Fíjese, señora, que hasta tengo moratones en la espalda y los brazos ¡No entiendo qué ha podido suceder!
La reina, sonriendo satisfecha, le contó la verdad.
– Sucede que debajo de tu colchón puse un guisante para comprobar si eras realmente sensible. Sólo una auténtica princesa con delicada piel es capaz de notar la dureza de un pequeño guisante debajo de un colchón. Ciertamente tú lo eres y estaríamos encantados de que fueras la esposa de nuestro amado hijo.
La princesa se sonrojó. También se había quedado prendada del apuesto heredero, así que no dudó ni un momento y dijo que sí. El príncipe, que había recorrido medio mundo buscando a su princesa, al final la encontró en su propia casa.

LA ZORRA SE PASA DE LISTA

Fábula de Esopo - Versión de José A. Pastor
Hacía un tiempo hermoso. La zorra y el lobo disfrutaban de lo lindo. En la granja de los Babiecas ya estaban más que hartos...
Aquella pareja de ladronzuelos les había robado ya dos corderos y tres gallinas. 
Los granjeros estaban desesperados. ¡No sabían qué hacer para cazarlos! Pero
 llegó el invierno y todo el ganado que andaba suelto por el campo fue encerrado 
en la granja.

La zorra acababa de parir once cachorros, y se preguntó, aturdida:
–¿Qué voy a hacer ahora? ¡Ni un triste pollito encontraré por estos alrededores!
El lobo, que había ido a felicitarla, le dijo:
–Mira, si te interesa, yo me quedaré con una de las zorritas hasta que la haya 

educado bien.
Y así fue como se llevó la que más despierta le pareció.
–Ánimo, ahijada –le dijo en cuanto estuvieron en la madriguera– mañana

 saldremos tempranito y empezaré por enseñarte lo que hay que hacer para 
llenar la barriga. ¡Ahora, a dormir se ha dicho!
Al día siguiente, al rayar el alba, el lobo la llamó:
–¡Eh, dormilona, hay que levantarse rápido y avivarse, que tenemos

 mucho trabajo por delante!
Caminaron un buen trecho y al llegar a lo alto del cerro vieron, allá abajo,
 una gran casa y un abrevadero junto a los cultivos.
–Padrino –preguntó–, ¿qué es esto?
–Ay, ahijada, aquello es la granja de los Babiecas, y tienen un montón de 

 ganado: gallinas, conejos, cerdos, ovejas... Dentro de un rato saldrán a
 tomar agua. Escucha bien, atiende y haz, paso a paso, lo que yo te
 diga. ¿Ves aquel matorral? Siendo tan pequeña, podrás esconderte allí.
 No hagas el menor ruido ni te muevas. Si te oyen, nos perseguirán 
y no habrá banquete. Observarás cuidadosamente, y cuando veas
 qué animales salen a beber, me lo vas diciendo, bajito. Después,
 mirarás todo lo que yo haga.
La zorra se escondió y al cabo de un rato el lobo le avisó:
–Ya oigo ruido. ¿Qué animales salen ahora?
–¡Salen ovejas!
–No nos convienen. Mucha lana y poca carne.
–¡Salen cabras!
–No nos convienen. Mucho hueso y poca carne.
–¡Salen vacas!
–No nos convienen. Muchos cuernos y más peso.
–¡Salen yeguas y potrillos!
–Esto sí nos vendrá bien. Ahora tendrás que abrir los ojos y aprender lo que

 hay que hacer.

El lobo, despacio y agachándose, se acercó al abevadero. La raposilla no

 perdía detalle.
Pronto, un potrillo gordo y lustroso se acercó al abrevadero. El lobo, 
decidido, con las patas remueve el agua violentamente y levanta una
 oleada de salpicaduras.
El potrillo, al sentir el chapoteo, cierra los ojos y el lobo, rápido, se le
 echa al cuello. 
Con el peso, el potrillo bajó la cabeza y el lobo, ¡zas!, lo mató de un
 mordisco. Nadie se dio cuenta de nada y el lobo hizo una señal a la
 zorrita para que saliese y lo ayudase. Entre los dos cargaron con el
 pobre potrillo y a la madriguera se ha dicho.
–¿Miraste bien, ahijada? ¡Así hay que trabajar si de hartarse se trata!

Y rápidamente los dos, mordisco va, mordisco viene, comieron cuanto 

quisierony aún les sobró carne para varios días. Con la barriga llena,
se fueron a dormir.
Mientras tanto, en la granja de los Babiecas se lamentaban porque
 habían notado la falta del potrillo, y decidieron vigilar con mil ojos,
 noche y día.

Al día siguiente, mientras el dormilón del lobo roncaba todavía, la 

pequeña zorra salió camino de su casa.
–¡Mamá, mamá! –gritó al llegar–, ya no es preciso que me quede más
 tiempo con elpadrino. Ya he aprendido cuanto hay que saber. ¡Llama a
 mis hermanitas, lávales la cara y péinalas que vamos a ir de caza!
La raposilla, decidida, se llevó toda la manada hacia la granja de los 
 Babiecas y allí les explicó todo lo que tenían que hacer. Salió la yeguada
 y un potrillo se acercó al abrevadero.
La zorrita, que ya estaba dentro, dio un salto y se le colgó del cuello. Pero como
 no pesaba tanto como el lobo, el potrillo ni siquiera movió la cabeza. Asustado, relinchó
 y coceó con fuerza. El resto de los animales, al oír el alboroto, entre relinchos y chillidos,
 huyeron al galope.

La gente de la granja, pastores y labriegos, salieron disparados con horquillas, 
hoces, palos y escopetas. Y persiguieron a las zorras, hijas y madre, hasta que
 no dejaron una ni para muestra.

Desde aquel día, la granja cambió de nombre: Ahora se llama granja Ojoavizor
. ¿Sabes por qué?
ACTIVIDAD
Afina un poquito la memoria y procura recordar:
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
 ¿Cuáles son los animales que tienen en la granja de los Babiecas?
¿Por qué el lobo no quiere cazar ovejas?
¿Por qué no quiere cazar cabras?
¿Por qué no quiere cazar vacas?
¿Por qué quiere cazar un potrillo?
¿Por qué al lobo le sale bien la caza del potrillo y a la zorrita no?
¿Por qué le ponen el nombre de Ojoavizor a la granja de los Babiecas?

Día de las Naciones Unidas

El Día de la ONU marca el aniversario de la entrada en vigor en 1945 de la Carta de las Naciones Unidas. Con la ratificación de este documento fundacional de la mayoría de sus signatarios, incluidos los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, la Organización de las Naciones Unidas entró oficialmente en vigor.
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El 24 de octubre se ha celebrado como Día de las Naciones Unidas desde 1948, por la resolución 168 de la 2° Asamblea General (consulte la resolución A/RES/168 (II) aquí). En 1971, otra resolución de la Asamblea General recomienda que el día se observe por los Estados miembros como un día festivo.
El Día de las Naciones Unidas esta consagrado a hacer conocer las finalidades y realizaciones de las Naciones Unidas a los pueblos del mundo y lograr que apoyen su obra. La conmemoración del Día de las Naciones Unidas abre un espacio para deliberaciones y exposiciones sobre los objetivos de la organización, así como para el debate sobre los grandes problemas que afectan la paz mundial.
La ONU consta de seis órganos principales: La Secretaría, la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social, la Corte Internacional de Justicia y el Consejo de Administración Fiduciaria. Para más información sobre los órganos de las Naciones Unidas y su funcionamiento interno, así como de los programas, fondos y organismos especializados de la organización consulte nuestra página aquí
La ONU celebra tradicionalmente este día con un concierto que tiene lugar en la Sede de las Naciones Unidas.
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Desde 2007, el Secretario General de la ONU, el Sr. Ban Ki moon, en conjunto con el Centro de visitas guiadas del Departamento de Información de las Naciones Unidas, han creado una campaña de información sobre el trabajo de la organización que constituye en establecer un diálogo con los estudiantes de preparatorias de la ciudad de Nueva York. El programa, intitulado UN4U, provee una oportunidad para los jóvenes de conocer más acerca de la organización e inspirarlos a interesarse por las problemáticas mundiales a través de un diálogo con un oficial de la ONU. Este año, las pláticas se llevarán a cabo las semanas del 15 al 19 de octubre y del 22 al 25 del mismo mes.

Día de las Naciones Unidas | Centro de Información ... - CINU

Cristóbal Colón

(Génova?, 1451 - Valladolid, 1506) Descubridor de América. El origen de este navegante, probablemente italiano, está envuelto en el misterio por obra de él mismo y de su primer biógrafo, su hijo Hernando Colón. Parece ser que Cristóbal Colón empezó como artesano y comerciante modesto y que tomó contacto con el mar a través de la navegación de cabotaje con fines mercantiles.

Cristóbal Colón
En 1476 naufragó la flota genovesa en la que viajaba, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente (Portugal); desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra e incluso Islandia (1477).
Luego se dedicó a hacer mapas y a adquirir una formación autodidacta: aprendió las lenguas clásicas, que le permitieron leer los tratados geográficos antiguos (teniendo así conocimiento de la idea de la esfericidad de la Tierra, defendida por Aristóteles), y empezó a tomar contacto con los grandes geógrafos de la época (como el florentino Toscanelli).
Una idea audaz y equivocada
De unos y otros le vino a Cristóbal Colón la idea de que la Tierra era esférica y de que la costa oriental de Asia podía alcanzarse fácilmente navegando hacia el oeste: una serie de cálculos erróneos le habían hecho subestimar el perímetro terrestre y le llevaron a suponer, en consecuencia, que Japón se hallaba a 2.400 millas marinas de Canarias, distancia que, en realidad, es la que separa las Antillas del archipiélago canario.
Por otra parte, algunos marineros portugueses versados en la navegación atlántica le informaron seguramente de la existencia de islas que permitían hacer escala en la navegación transoceánica; e incluso es posible que, como aseguran teorías menos contrastadas, tuviera noticia de la existencia de tierras por explorar al otro lado del Océano, procedentes de marinos portugueses o nórdicos (o de los papeles de su propio suegro, colonizador de Madeira).
Con todo ello, Colón concibió la audaz y ambiciosa empresa de abrir una ruta naval hacia Asia por el oeste, basado en la acertada hipótesis de que la Tierra era redonda, y en el doble error de suponerla más pequeña de lo que es y de ignorar la existencia del continente americano, que se interponía en la ruta proyectada.
El interés económico del proyecto era indudable en aquella época, ya que el comercio europeo con Extremo Oriente, basado en la importación de especias y productos de lujo, era extremadamente lucrativo; dicho comercio se realizaba por tierra a través de Oriente Medio, controlado por los árabes; los portugueses llevaban años intentando abrir una ruta marítima a la India bordeando la costa africana, empresa que culminaría Vasco Da Gama en 1498.
El descubrimiento de América
Colón ofreció su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien lo sometió al examen de un comité de expertos. Aunque terminó acepando la propuesta, el monarca portugués puso como condición que no se zarpase desde las Canarias, pues, en caso de que el viaje tuviera éxito, la Corona de Castilla podría reclamar las tierras conquistadas en virtud del Tratado de Alcaçobas. Colón encontró demasiado arriesgado partir de Madeira (sólo confiaba en los cálculos que había trazado desde las Canarias) y probó suerte en España con el duque de Medina Sidonia y con los Reyes Católicos, que rechazaron su propuesta por considerarla inviable y por las desmedidas pretensiones de Colón.
Finalmente, la reina Isabel la Católica aprobó el proyecto de Colón por mediación del tesorero del rey, Luis de Santángel, a raíz de la toma de Granada, que ponía fin a la reconquista cristiana de la Península frente al Islam (1492). La reina otorgó las Capitulaciones de Santa Fe, por las que concedía a Colón una serie de privilegios como contrapartida a su arriesgada empresa, y financió una flotilla de tres carabelas (la Pinta, la Niña y la Santa María), con las que Colón partió de Palos el 3 de agosto de 1492.

El descubrimiento de América (detalle
de un cuadro de John Vanderlyn)
Colón navegó hasta Canarias y luego hacia el oeste, alcanzando la isla de Guanahaní (San Salvador, en las Bahamas) el 12 de octubre de 1492. Por primera vez (si se prescinde de la gesta sin consecuencias de los vikingos) un grupo de europeos pisaba tierras americanas, aunque ni Colón ni sus tripulantes eran conscientes de ello. En aquel viaje descubrió también Cuba y La Española (Santo Domingo), e incluso construyó allí un primer establecimiento español con los restos del naufragio de la Santa María (el fuerte Navidad). Persuadido de que había alcanzado las costas asiáticas, regresó a España con las dos naves restantes en 1493.
Colón realizó tres viajes más para continuar la exploración de aquellas tierras: en el segundo (1493-96) tocó Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fundó la ciudad de La Isabela; pero hubo de regresar a España para hacer frente a las acusaciones surgidas del descontento por su forma de gobernar La Española. En el tercer viaje (1498-1500) descubrió Trinidad y tocó tierra firme en la desembocadura del Orinoco; pero la sublevación de los colonos de La Española forzó su destitución como gobernador y su envío como prisionero a España.
Tras ser juzgado y rehabilitado, se le renovaron todos los privilegios (excepto el poder virreinal) y emprendió un cuarto viaje (1502) con prohibición de acercarse a La Española; recorrió la costa centroamericana de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Regresó a España aquel mismo año y pasó el resto de su vida intentando conseguir mercedes reales para sí mismo y para sus descendientes, pues el rey Fernando el Católico intentaba recortar los privilegios concedidos ante las proporciones que iba tomando el descubrimiento y la inconveniencia de dejar a un advenedizo como único señor de las Indias.
Colón había descubierto América fortuitamente como consecuencia de su intuición y de su fuerza de voluntad. Aunque fracasó en su idea original de abrir una nueva ruta comercial entre Europa y Asia, abrió algo más importante: un «Nuevo Mundo» que, en los años siguientes, sería explorado por navegantes, misioneros y soldados de España y Portugal, incorporando un vasto territorio a la civilización occidental y modificando profundamente las condiciones políticas y económicas del Viejo Continente.
De Américo Vespucio procede el sonoro nombre con que se bautizó al Nuevo Mundo; no es extraño que una etimología popular (falsa porque Colón es una castellanización de su apellido italiano) hiciese derivar del nombre del descubridor términos nada prestigiosos, como colonialismo o colonizar: el descubrimiento fue, en efecto, el pistoletazo de salida de la colonización europea de América, empresa en la que se dieron cita el heroísmo y la barbarie, el propósito evangelizador y la explotación o exterminio de los indígenas, el ideal imperial y la sed de oro y poder.
Pioneros de este proceso, que ocuparía todo el siglo XVI y al que pronto se sumarían otras potencias europeas, fueron los llamados conquistadores, comoHernán Cortés (México), Francisco Pizarro y Diego de Almagro (Perú) o Pedro de Valdivia (Chile), entre otros muchos. Aunque los vikingos habían llegado a América del Norte unos quinientos años antes (expedición de Leif Ericson), no habían dejado establecimientos permanentes ni habían hecho circular la noticia del descubrimiento, quedando éste, por tanto, sin consecuencias hasta tiempos de Colón.
Biografias y Vidas

Efemérides de octubre

Encuentra el número perdido

Títeres de dedo recortables para niños.

Los títeres de dedo son figuras para recortar de animales o personajes que se acoplan a los dedos y se pueden mover como marionetas. Son recursos infantiles muy divertidos y creativos porque ayudan a los niños a desarrollar la imaginación y la destreza manual para recortar y doblar las figuras. Títeres de dedo de niños para imprimir, colorear y recortar. Si son varios niños los que juegan con estos títeres de dedo, pueden crear historias o pueden representar cuentos o pequeñas obras de teatro con los personajes en los dedos. Además constituye un buen ejercicio de manualidades para niños ya que una vez impreso, hay que colorear, recortar, doblar y colocar en el dedo cada marioneta de papel.

TÍTERES DE DEDO











PARA MI NIETO ERIC CON CARIÑO

Un acto de magia

Bambi y Tambor

Bambi y Tambor

¡Hola amigo y amiga! :


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Números y colores con letra...

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Tabla del 8 en inglés

Encierra al gato

Ve cliqueando los círculos más claros, que se pondrán más oscuros. • El objetivo es cercar al gato y no dejarlo salir. Para empezar, hacer click en cualquier lugar del dibujo de abajo ¡ Buena suerte y mucha atención!

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